Por Luis Mis (El Gato Maya)
Ayer en la parroquia Cristo Rey de “Las Palapas” en Cancún, ese recinto donde todavía se puede hablar sin pedir permiso al boletín oficial, se llevó a cabo una rueda de prensa que al poder le provoca urticaria histórica. No hubo alfombra roja ni funcionarios sonrientes, pero sí memoria —esa cosa peligrosa— y micrófonos abiertos.
- Ahí, frente a reporteros y feligreses, el sacerdote Rodrigo Herrera Morales anunció lo que para algunos es un acto religioso y para otros —los de siempre— una herejía política: el Primer Congreso Cristero, a celebrarse el 7 de febrero de 2026, a partir de las 8:00 de la mañana, en la Universidad La Salle Cancún.
Nada subversivo, dirían los ingenuos.
Sólo recordar.
- Y justo ahí empieza el problema.
- Porque en este país, y particularmente en estos tiempos, recordar es un acto de rebeldía. Recordar que hubo un Estado que persiguió la fe, que quiso regular conciencias, cerrar templos, prohibir símbolos y domesticar creencias. Recordar que cuando el poder se cree dueño de la verdad absoluta, siempre termina reprimiendo a quien no le aplaude.
La Guerra Cristera no fue una estampita. Fue el resultado de un Estado arrogante, convencido de que podía legislar hasta el alma. Y cien años después, el eco vuelve a escucharse, aunque ahora se disfraza de “transformación”, “orden”, “lineamientos” y “no te metas”.
- El Congreso Cristero —dicen sus organizadores— busca refrescar la memoria histórica. Y eso, en el México actual, es casi un acto clandestino.
Porque hoy no se fusila, pero se cancela; no se encarcela, pero se intimida; no se expropia templos, pero se expropia la voz.
- El poder de hoy ya no grita “¡muera la religión!”, ahora murmura: —“No opines, no cuestiones, no recuerdes”.
Y mientras tanto, desde el presídium incómodo de Cristo Rey, se recordó una frase que al gobierno siempre le queda grande:
“Los que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.”
- Por eso incomoda que se hable de mártires.
- Por eso molesta que se diga “conciencia”.
- Por eso da comezón escuchar “ningún poder humano es absoluto”.
Porque el problema nunca fue Cristo Rey.
El problema es el rey de turno, ese que no tolera competencia ni en el cielo ni en la memoria colectiva.
- El 7 de febrero de 2026 habrá conferencias, adoración y misa. Pero, sobre todo, habrá algo que hoy escasea más que la verdad en mañanera: libertad de conciencia.
Y eso, querido lector, siempre ha sido lo más peligroso para cualquier gobierno que se cree eterno. #¡Viva Cristo Rey!
