Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA 

La Iglesia es casa de oración, silencio y adoración, no un lugar de espectáculo ni de protagonismos humanos. 

  • Dentro del templo, el centro no somos nosotros, sino Dios presente y actuando. Por eso, el Papa Juan XXIII enseñaba con claridad: “En la Iglesia no griten ni aplaudan, ni siquiera para saludar al Papa”. Sus palabras recuerdan que toda atención debe dirigirse al Señor y no a las personas.

El silencio, la reverencia y la actitud interior ayudan a reconocer la grandeza del Misterio que se celebra. 

  • Aplaudir puede parecer un gesto de entusiasmo, pero muchas veces distrae y rompe el clima sagrado

En la Iglesia, la respuesta más auténtica no es el aplauso, sino la oración, la adoración y el recogimiento del corazón. Ahí vamos a encontrarnos con Dios, a escuchar su voz y a dejarnos transformar. 

  • Guardar respeto exterior es también una forma concreta de expresar fe y amor verdadero.

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