Por Denisse Angélica Gallegos Chapol
Ciudad de México. Década de los 30’s. Un joven trabaja en la pastelería de su familia. No es influencer, no es empresario famoso, es un chavo aprendiendo el oficio: pan, cuentas, ventas, entrega… todo; su nombre: Lorenzo Servitje.
- El pan de caja como lo conocemos hoy todavía no era lo normal en México. Pero él veía algo claro: si lograba hacer un pan suave, confiable, y que durara más tiempo, podía cambiar el mercado.
El problema, no era tan simple. No se trataba solo de hornear. Era receta, proceso y, sobre todo, distribución. Porque un pan bueno no sirve si llega tarde o llega duro. Lorenzo y un grupo de socios se juntaron con una idea muy concreta: crear una panificadora moderna. Y en 1945 fundaron Panificación Bimbo para hacer pan de caja. No estaba solo: lo acompañaron Jaime Jorba, Jaime Sendra, Alfonso Velasco y José T. Mata.
- El 2 de diciembre de 1945 arrancaron operaciones con algo bien simple: cuatro productos. Super—pan Bimbo (grande y chico), pan negro y pan tostado.
Y aquí viene lo importante: no fue “solo pan”. Fue marca. Fue confianza. Fue el empaque. Fue la ruta. Fue la disciplina de hacer lo mismo todos los días con calidad, hasta que la gente empezó a pedirlo sin pensarlo.
- ¿Y el nombre?, “Bimbo”, nació después de muchas ideas y combinaciones, buscando algo corto, fácil de recordar y con sonido amable.
Así empezó una empresa que con el tiempo se volvió gigante: de una panadería familiar y cuatro productos… a una de las panificadoras más grandes del mundo.
- Moraleja simple:
- Bimbo no nació como imperio. Nació como oficio, obsesión por mejorar y una idea clara: hacer algo cotidiano… impecable.
…
