Por Norma del Socorro Álvarez Ledesma

La gente ama el dinero más que a Dios. Si tus manos no están muy ocupadas, ¡Yo amo a Dios!

Jesús dijo: Por cierto, ¿de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Y una vez perdida, ¿por qué cambio podrá rescatarla? (Marcos 8:36-37)

Dios dice: Las personas gastan su vida persiguiendo el dinero y la fama; se agarran a un clavo ardiendo, pensando que son sus únicos apoyos, como si teniéndolos pudiesen seguir viviendo, eximirse de la muerte. 

Pero solo cuando están cerca de morir se dan cuenta de cuán lejos están estas cosas de ellas, cuán débiles son frente a la muerte, cuán fácilmente se hacen añicos, cuán solas y desamparadas están, sin ningún lugar adónde ir. Son conscientes de que la vida no puede comprarse con dinero ni fama, que no importa cuán rica sea una persona, no importa cuán elevada sea su posición, todas son igualmente pobres e insignificantes frente a la muerte. 

Se dan cuenta de que el dinero no puede comprar la vida, que la fama no puede borrar la muerte, que ni el dinero ni la fama pueden alargar un solo minuto, un solo segundo, la vida de una persona.

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