Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

El diácono es un ministro ordenado —primer grado del sacramento del Orden— que la Iglesia no ordenó para presidir sacramentos, sino para servir. En la Palabra, en la Liturgia y en la Caridad.

Hay dos tipos de diáconos. Los transitorios son seminaristas que reciben este ministerio como etapa final antes de ser ordenados sacerdotes. Los permanentes, en cambio, se quedan en el diaconado para siempre: muchos están casados, tienen familia y trabajo, y ejercen su ministerio desde la vida cotidiana. El Concilio Vaticano II restauró esta figura para que el servicio estuviera más presente en la Iglesia. 

En la liturgia los reconocés fácilmente: llevan la estola cruzada en diagonal —del hombro izquierdo al costado derecho— y visten dalmática, a diferencia del sacerdote cuya estola cae recta. 

El diácono representa sacramentalmente a Cristo servidor. No es un «sacerdote incompleto»: es un ministerio propio, con su identidad y su riqueza. Nos recuerda algo que el Evangelio repite sin parar: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea el servidor de todos. 

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