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Los sacramentales son signos sagrados de la Iglesia Católica que imitan a los Sacramentos. No nos dan la gracia: nos disponen a recibirla.

POR  Pbro. Sergio G. Román

En la vida cotidiana estamos rodeados de signos que expresan realidades profundas: un saludo, un abrazo o una flor pueden comunicar afecto, cercanía o amistad. De manera semejante, en la vida de la Iglesia también existen signos visibles que ayudan a los fieles a acercarse a Dios y a recordar su presencia en medio de la vida diaria.

Entre estos signos se encuentran los sacramentales, una riqueza espiritual de la tradición católica que, aunque no son sacramentos, acompañan la vida de fe de los creyentes y los disponen a recibir la gracia de Dios. A través de bendiciones, gestos y objetos bendecidos, la Iglesia busca santificar distintos momentos de la vida y recordar que todo puede ser ocasión de encuentro con el Señor.

El agua bendita, la ceniza del Miércoles de Ceniza, las bendiciones de personas, hogares u objetos son ejemplos de estos signos que forman parte de la espiritualidad del pueblo cristiano. Pero ¿qué son exactamente los sacramentales?, ¿cuál es su origen y qué lugar ocupan dentro de la vida de la Iglesia?

Los sacramentales son signos sagrados, por los que, a imitación en cierto modo de los sacramentos, se significan y se obtienen por intercesión de la Iglesia unos efectos principalmente espirituales. (Código de Derecho Canónico 1166)

Los sacramentales no han sido instituidos por Cristo, sino por la Iglesia Católica y nos llevan a apreciar mejor los sacramentos. No nos dan la gracia, pero nos disponen a recibirla.

Los sacramentales más conocidos son el agua bendita, las bendiciones, la ceniza del miércoles con el que iniciamos la Cuaresma, el pan bendito del jueves santo, las bendiciones de objetos y de personas.

Normalmente el ministro de los sacramentales es el sacerdote y el diácono, pero algunas bendiciones permiten que sean los laicos los que las celebren; por ejemplo, la bendición de la mesa o la bendición de los hijos por los papás.

Nuestro pueblo manifiesta siempre un gran amor tanto a los sacramentos como a los sacramentales y acude a los sacerdotes para pedirlos. Los sacerdotes deben facilitar a los fieles el poder recibirlos, pero siempre con la debida preparación y catequesis para que sean más fructíferos. 

Nos comunicamos por signos. No sólo con palabras o con  escritos; hay otros muchos signos que nos ayudan a expresar nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Un apretón de manos significa amistad, y no se diga un beso. Una flor obsequiada es signo de cariño. Los saludos son signos muy elocuentes.

También hay otros signos convencionales, incluso que son válidos para todo el mundo, que nos indican realidades, por ejemplo, todos sabemos que una calavera con dos huesos cruzados significa peligro de muerte.

También Jesús sintió la necesidad de signos para comunicarse e interactuar con nosotros. Son los sacramentos. Todos ellos sin signos del amor de Dios y nos comunican ese amor en forma de gracias que salvan y santifican.

Los siete sacramentos son encuentros con Cristo de los que salimos salvados y santificados. Todos ellos exigen el contexto de la Iglesia, de la comunidad que celebra, de la comunidad que crece y se santifica por sus miembros salvados y santificados.

Bendiciones

Constituyen uno de los sacramentales más comunes. Estas pueden ser impartidas por diáconos, sacerdotes u obispos y forman parte de la vida litúrgica y pastoral de la Iglesia.

Entre ellas se encuentran la bendición de personas, hogares u objetos religiosos, así como bendiciones relacionadas con celebraciones litúrgicas, como las palmas del Domingo de Ramos, las cenizas del Miércoles de Ceniza o las velas bendecidas.

También existen bendiciones que pueden realizar los fieles laicos en la vida cotidiana, como la bendición de la mesa o la bendición de los hijos.

Exorcismos

Consisten en oraciones y ritos mediante los cuales la Iglesia pide a Dios la liberación del mal y la protección contra los espíritus malignos.

En algunos casos, estas oraciones también están presentes en ciertos sacramentales, como la medalla de san Benito, que incluye fórmulas de exorcismo relacionadas con la protección espiritual.

Objetos bendecidos de devoción

Quizá los sacramentales más conocidos por los fieles son los objetos bendecidos que acompañan la oración y la devoción personal.

Entre ellos se encuentran el agua bendita, las velas, las cenizas, los crucifijos, las medallas, los rosarios, los escapularios y las imágenes de Cristo, la Virgen María y los santos.

Muchos de estos objetos se reciben dentro de la liturgia, mientras que otros forman parte de devociones populares que han acompañado la espiritualidad católica durante siglos.

Oraciones y gestos sagrados

Finalmente, también existen sacramentales que se expresan a través de oraciones, gestos y acciones litúrgicas.

Entre ellos se encuentran gestos como hacer la señal de la cruz, inclinar la cabeza al pronunciar el nombre de Jesús o rezar ciertas oraciones penitenciales dentro de la liturgia. Estos signos ayudan a los fieles a expresar su fe y a vivir con mayor conciencia su relación con Dios.

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