Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Hace pocos días, en la Ciudad de México, la Iglesia recibió con profunda emoción la noticia del fallecimiento del presbítero José Antonio Barco Villanueva, L. C., un sacerdote de origen español que dedicó media vida al servicio del Señor y de su pueblo.
- El 13 de enero de 2026, a los 79 años, el sacerdote Barco entregó su vida al Señor, apenas días después de celebrar con gratitud 50 años de su ordenación sacerdotal —medio siglo anunció el Evangelio, administró los sacramentos y acompañó a generaciones de fieles.
Nació el 12 de noviembre de 1946 en Logroño, La Rioja, España, ingresó a los Legionarios de Cristo en 1962, se ordenó sacerdote un 24 de diciembre de 1975, víspera de Navidad en Roma.
- Durante más de seis décadas de vida consagrada y ministerio, el sacerdote Barco sirvió con fidelidad en múltiples responsabilidades:
Rector y formador en centros vocacionales,
Director espiritual y confesor,
Guía de jóvenes y acompañante de comunidades,
Vicario parroquial en Nuestra Señora de Fátima en Cancún.
- Su testimonio no fue un mero cumplimiento de deber: fue entrega constante al corazón de Cristo y a la misión de la Iglesia. Quienes lo conocieron, recuerdan su fe firme, su esperanza inquebrantable y su amor por servir al pueblo de Dios.
La Misa de exequias, celebrada el 14 de enero en la capilla del Centro Vocacional en Ciudad de México, la presidió el Obispo de Cancún—Chetumal, Monseñor Pedro Pablo Elizondo, y reunió a sacerdotes legionarios, consagrados (a) del Regnum Christi, amigos y familiares, todos honraron la vida de un pastor fiel.
- En sus homilías recordaba su confianza en la promesa de Cristo, marcada por su costumbre de entonar la canción:
“Al cielo, al cielo, al cielo quiero ir” — un signo de su fe sencilla y esperanzada.
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