Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Mérida, Yucatán.— Durante la misa con motivo del aniversario 484 de la fundación de Mérida, en la Catedral de San Ildefonso, llamaron particularmente la atención la forma y el momento en que el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, se refirió a los homicidios ocurridos en Dzilam González.

En la homilía y la posterior oración de peticiones, monseñor Rodríguez Vega subrayó que “no puede hablarse de paz plena si existe la intervención del crimen organizado en el territorio”, advirtiendo que esta realidad desafía la imagen de tranquilidad que tradicionalmente se asocia con la entidad.

  • El arzobispo llamó a no perder el rumbo de la justicia y la paz y exhortó a la comunidad a orar y a comprometerse colectivamente para construir la armonía social que Mérida y Yucatán —por su historia y pluralidad— reclaman.

La referencia a los hechos de violencia durante un acto cívico-religioso de esta magnitud ha sido comentada tanto por líderes políticos como por sectores sociales, que interpretan el mensaje de la Iglesia como un llamado urgente a abordar con seriedad los desafíos de seguridad, sin perder de vista la histórica vocación pacífica de la capital yucateca.

  • No se trató de un acto menor ni de un espacio cualquiera. En las primeras filas del templo se encontraban autoridades civiles y militares, representantes de los tres niveles de gobierno, funcionarios estatales y municipales, líderes empresariales y otros exponentes de la comunidad yucateca, convocados para una ceremonia que habitualmente se distingue por los mensajes conciliadores.

Precisamente por ello causó comentarios que fuera el propio representante máximo de la Iglesia Católica en Yucatán quien aludiera de manera directa a un hecho de violencia reciente, lo cual rompió con el tono habitual de este tipo de celebraciones. No fue una referencia genérica ni abstracta: el nombre del municipio y la gravedad del crimen quedaron explícitos en el mensaje.

  • En círculos empresariales también pesó que el comentario proviniera no de un actor político sino del arzobispo, pues esto le dio un impacto distinto. Es decir, nos hacen notar, no fue un posicionamiento partidista sino una advertencia moral y social, pronunciada en uno de los actos más simbólicos del calendario cívico de la capital de la entidad federariva.

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