Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Cómo ser novio de tu alma gemela. Entrega 11. Punto número 5: Mantén la relación pura. 

Estamos llamados no sólo a iniciar la relación en el momento adecuado con la persona adecuada, sino a tomar la iniciativa con respecto a la pureza en esa relación.

Nunca esperes a que la chica diga que no. Existe la idea de que: “Bueno, mientras ella esté dispuesta a hacerlo, entonces es moralmente bueno”. Pero no ganas puntos por no forzarla a hacer algo. 

El hecho de que ella lo consienta no hace que la acción sea pura, lo que esto hace es poner a prueba mi corazón: ¿Por qué le estoy expresando amor? ¿Es porque ella merece ser amada o por conseguir algo?

Un amigo mío luchaba con esto en el matrimonio, porque cuando su esposa no estaba disponible sexualmente, él se sentía un poco frustrado: “¿De qué sirve ser tan romántico y cariñoso si no va a llevar a nada?”. Lo que allí aflora son las intenciones: Estoy dando por recibir en lugar de dar por amar. 

Cuando hablas de pureza, inmediatamente la gente piensa: “Bueno, ¿hasta dónde puedo llegar realmente con una chica?, ¿puedo hacer esto o aquello?». Hay formas sencillas de saber dónde trazar la raya.

¿Cómo te llamas tú, el de la camisa azul de la tercera fila? ¿Daniel? OK, Daniel, digamos que conoces a la mujer de tus sueños y te enamoras, te casas y regresas de tu luna de miel y descubres que estás esperando una bebé y la llamas Daniela. Ese es un buen nombre para ella. Estás perdidamente enamorado de esa niña, la crías, le enseñas a andar en bicicleta. Daniela cumple 16 años y llaman a la puerta, es el joven que la invitó al baile de graduación de la escuela secundaria. Este tipo tiene como cinco o seis piercings faciales. Vi a un tipo en San Diego que tenía un aro en el cuello, este tiene un par de esos. Luego miras por encima de su hombro y ves que tiene una minivan Volkswagen sin asiento trasero, solo un colchón atrás. Ahora, ¿qué tan lejos va a llegar tu hija esa noche? Probablemente hasta la puerta, eso es lo más lejos que va a llegar esa noche. No va a ir más lejos. 

Pero aquí está la pregunta: ¿por qué somos tan rápidos para proteger la inocencia de nuestras propias hijas, pero tan lentos para proteger la inocencia de las hijas de Dios, del Dios que adoramos?

Cuando pensamos en nuestra hija decimos “la pureza es el estándar”, pero faltan 20 años para que tengamos una hija adolescente, así que acerquémoslo un poco. Estaba en Washington, D.C. y tres niñas de séptimo grado, como de unos 12 años se me acercaron y me dijeron: 

—Jason, ¿está bien que nos enrollemos con diferentes chicos en una fiesta?

—Digamos que el chico con el que te vas a casar va a esa fiesta y ahora mismo está con una chica de octavo grado que le coquetea y quiere besarse con él. ¿Qué opinas de la chica que está con tu futuro esposo?

—Le patearía el trasero.

Lo que sucede es que lo vemos diferente cuando se trata de nuestro futuro cónyuge, pero el problema es que cuando se trata de nosotros tendemos a justificar: «Bueno, ya sabes, puedo verme casándome con esta chica algún día, de todos modos, ella podría ser mi esposa». ¿Dónde está el límite entonces?

Nota: Traducido y adaptado a lenguaje escrito, de las charlas: “How to date your soulmate” y “Theology of his body”, con autorización de Jason Evert. Parte 11  de 20.

Reflexión: ¿Doy para amar mejor al otro o doy para recibir?

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