Redacción/PERIODICO SAGRADA FAMILIA

Así que, hoy quiero dar estrategias concretas a través de la óptica de un hombre, San Juan Pablo II, el Grande, a quien vamos a mirar por su sabiduría. La pregunta obvia es: “¿Por qué nos fijamos en un hombre célibe, fallecido de 80 y tantos años, para saber cómo vivir nuestra sexualidad como jóvenes en esta época moderna?”. Esta objeción sobre lo que una persona célibe realmente sabe sobre la sexualidad es una locura, porque, si lo piensas, yo soy un hombre casado, ¿de acuerdo? Entonces, conozco a una mujer y eso es todo. Y probablemente ella diría que ni siquiera la conozco tan bien. Incluso una vez me dijo:

—Sabes Jason, no eres muy bueno escuchando.

Y yo le dije: 

—Cariño, soy un conferencista motivacional, no un oyente motivacional.

Jajaja. Ella no pensó que eso fuera muy divertido, pero yo creo que fue bastante ingenioso de mi parte.

Conozco a una sola mujer y la conozco imperfectamente, pero un sacerdote no se limita a una porque está escuchando miles de confesiones. Juan Pablo II entendía muy bien el alma femenina y también era un hombre increíblemente varonil. Él se escabullía del Vaticano a los 73 años para ir a esquiar a los Alpes italianos. Y como cardenal, cuando se le preguntó: “¿No es impropio que un cardenal esquíe?”, dijo: “Oh, lo que es impropio es que un cardenal esquíe mal”. 

Él era un hombre de verdad, incluso cuando tuvo que colgar los esquís. Se rompió la cadera, se dislocó el hombro, tenía osteoartritis, perdió la audición en ambos oídos, tenía tumores, fue apuñalado por un sacerdote en Fátima, un asesino turco le disparó, su cuerpo se estaba desmoronando.

Unas semanas antes de morir, un obispo español le dijo:

—Santo Padre, me temo que esta es la última vez que nos veremos.

 Juan Pablo II lo miró y dijo: 

—¿Por qué?, ¿qué pasa?, ¿estás enfermo? 

¡Chuck Norris podría haber sido su monaguillo!

Y escuchen lo que dice el Santo Padre, cómo nos desafía: “Como jóvenes, a menudo nos sentimos tentados a no entrar en lo más profundo de nuestra conciencia. Rechacemos esto de inmediato y vayamos a las profundidades”. Y hoy quiero profundizar sobre lo que nos mueve en las relaciones, cuánto es para la gloria de Dios y cuánto es solo para mi propia gratificación.

Para ayudarnos a discernir los movimientos de nuestro corazón y lo que estamos haciendo en las relaciones, creé una sencilla ilustración.

Si te sientes llamado al matrimonio, ¿dónde te encuentras en este momento? En la primera cuadrícula, está la chica adecuada, pero no es el momento adecuado. En la otra cuadrícula de la parte superior no es la chica adecuada, pero es el momento adecuado. Debajo encuentras la chica equivocada en el momento equivocado, nada bueno. Y finalmente, en el extremo izquierdo, es la chica adecuada, en el momento adecuado.

Ahora, ¿cómo saber no solo en qué cuadrícula estoy, sino cómo llego a la correcta? Lo primero que 

tenemos que hacer es preguntarnos: “¿Es la persona adecuada?” Y con esto no me refiero a que tengas la certeza de que ella será tu esposa, sino a que te preguntes si tiene las cualidades que estás buscando para la futura madre de tus hijos. 

Nota: Traducido y adaptado a lenguaje escrito de las charlas: “How to date your soulmate” y “Theology of his body”, con autorización de Jason Evert. Parte 2 de 20.

Reflexión: ¿Cuáles de las cosas que estoy realizando en mi noviazgo glorifican a Dios y cuáles son sólo para mi propia gratificación? ¿Lo que hago para mi propia gratificación realmente demuestra amor a mi pareja?

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