Por Gisselle Rodríguez López
Nunca debes permitir que nada ni nadie te robe la dignidad de saber que eres hijo amado de un Dios que nos ha asegurado su cercanía y paternidad amorosas.
Nuestro valor no depende de las palabras ni de los juicios de los demás, sino del amor infinito del Señor, que nos creó a su imagen y nos sostiene en cada paso. El Salmista nos recuerda: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?» (Sal 27,1) ¡Grábate esa certeza!
Si está en tus posibilidades, dar una mano y ayudar a llevar alegría y esperanza por todos los medios electrónicos. Tu generosidad es de gran valor para nosotros.
«El Señor es mi Pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace reposar. Por aguas mansas me conduce y reconforta mi alma». (Salmo 23,1-3)
Abrazos de paz y bien,
Comunidad de PildorasdeFe.net.
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