Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Cancún, Quintana Roo.— Desde el principio la ira de YHWV se encendió contra el pueblo de Israel, explicó Monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L. C., en la catedral de la Santa Cruz y Santísima Trinidad.
El pueblo pecaba y pecaba hasta que mandó primero el diluvio, luego llovió fuego del cielo a Sodoma y Gomorra y el hombre seguía pecando, continuó.
Y prosiguió, hasta que su corazón se conmovió y en su corazón a la humanidad, prevaleció la misericordia, ternura, amor, al mandar a su Hijo Jesucristo para que, muriendo en la cruz, perdonará nuestros pecados.
Esa misericordia desbordante de Dios, se describe muy bien en la parábola del hijo pródigo, cuando al volver a su casa, el padre sale lo besa, abraza, mata el becerro gordo, le pone las sandalias, el vestido nuevo, el anillo en las manos.
Lo anterior significa que, el amor de Dios es tan misericordioso que devuelve la filiación, porque solo los hijos tenían la dignidad, nobleza, que es lo que significa el anillo, esa nobleza de la familia, porque era verdaderamente hijo predilecto; el vestido significa la dignidad.
Todo esto nos lo regresa Jesucristo, aun cuando hayamos pecado. Todos somos pecadores, aunque nos sintamos muy santos, por quedarnos en la casa del padre y ser muy obedientes.
Ante esa condición pecaminosa de la débil condición humana, Dios quiere que nos arrepintamos, que nos acerquemos y recuperemos toda esa grandeza, dignidad, filiación, nobleza de ser sus hijos.
Abramos nuestro corazón y reconciliemos con Dios nuestro Señor, concluyó Monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L. C.
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