Por Gisselle Rodríguez López

La XVI Conferencia Regional sobre la Mujer cerró en Ciudad de México este viernes. Los diplomáticos se abrazaron, las cámaras destellaron y el comunicado de prensa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sonó encantador.

Pero detrás de esas puertas, firmaron el Compromiso de Tlatelolco, una hoja de ruta de 10 años (2025—2035).

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Esto es lo que realmente significa, en palabras sencillas, y cómo aún podemos detenerlo.

Imagina un folleto brillante que diga: “Relájate. Nosotros cuidaremos de los niños, los ancianos, incluso de los no nacidos, solo firma aquí.”

Esa es la promesa de la nueva “sociedad del cuidado.” Las familias entregarían al Estado las llaves de su sala.

Serían los burócratas, no los padres, quienes decidirían quién alimenta a tu bebé, qué valores enseña la guardería, y si alquilar el vientre de una mujer o vender sexo califica como “trabajo.”

Bajo la bandera de la “igualdad,” los cuerpos de las mujeres se convierten en “servicios,” los bebés en “productos,” y el alquiler de vientres o la prostitución serían rebautizados como “trabajo.” Las mujeres pobres se convertirían en blanco de compradores adinerados.

A los niños se les enseñarían ideas que se burlan de los valores. En resumen: tus hijos podrían ser educados con ideas contrarias a esos valores mientras los líderes reescriben leyes por las que nunca votaste, todo porque una oficina de la ONU decidió que el “progreso” debía desmantelar a la familia.

¿Cuál es la parte más peligrosa?, primero viene el compromiso que suena bonito. Después, se le indica a cada gobierno que convierta esa lista de deseos en leyes firmes, nuevos presupuestos y planes de estudio escolares.

Para vigilar el cumplimiento, la ONU reactivó el Observatorio de Género: organismo de control que recopila datos de escuelas, hospitales, incluso encuestas a hogares, y publica tablas comparativas que marcan a los países que avanzan lento como “incumplidores.”

Esas banderas rojas son aprovechadas por bancos de desarrollo, donantes extranjeros y medios hambrientos de titulares para presionar a los parlamentos a reescribir las políticas de familia, educación y salud sin un solo voto del pueblo.

Lo que comienza como “voluntario”, si no se detiene con presión pública, se ajusta en un collar de acero de presión política y financiera, y ese es el motor que ahora impulsa el Compromiso de Tlatelolco.

Pero aquí está la buena noticia: todavía no es ley. Como acabas de leer, el “Compromiso de Tlatelolco” es, por ahora, una recomendación. Cada nación tiene que traducir en ley, presupuesto y planes de estudio.

Ahora comienza la verdadera batalla. Y mira lo que logramos, en Ciudad de México, no solo enviamos una declaración. Nos presentaste, con todo lo que teníamos.

Ya sabes cómo el evento paralelo del domingo retumbó en la ciudad y cómo las vans azul brillante mantuvieron la presión.

Porque sumaste tu nombre, compartiste las alertas y colaboraste cuando pudiste, organizamos un poderoso evento paralelo con mujeres valientes a quienes la ONU se negó a escuchar: por ejemplo, María Herrera, una madre que busca a sus 4 hijos desaparecidos: Lianna Rebolledo, sobreviviente de abuso que eligió la vida y Alison González, una joven madre que advirtió sobre los vientres de alquiler y la prostitución disfrazados de “empoderamiento.”

Se marchó al Ángel de la Independencia coreando “La dignidad no se negocia.” Gente se nos unió desde las calles.

Los transeúntes se detenían y veían el mensaje que llevábamos. En una sola tarde, lo que comenzó como un panel relegado se convirtió en noticia.

Tu presión no se detuvo en la banqueta. Movilizamos vans por lugares icónicos de Ciudad de México, rotuladas con mensajes contundentes como: “CEPAL: Alto a la colonización ideológica.” Todos los delegados las vieron.

Ayudaste a desatar un enorme Twitter Bombing: activistas de toda América Latina inundaron redes sociales hasta que el mensaje se volvió tendencia, llamando a los delegados a frenar la imposición ideológica de la CEPAL.

No nos detuvimos ahí, juntos, nos unimos a defender la cultura como Pablo Muñoz Iturrieta, que realizó una entrevista con CitizenGO, y creamos contenido educativo que ahora se difunde por toda la región.

El objetivo: despertar a miles más y construir una resistencia más fuerte contra esta agenda.

Delegados que antes se encogían de hombros de repente miraban con nerviosismo a la banqueta. Ese cambio sucedió gracias a todos — a las oraciones y generosidad de millones hablando al unísono, incluso las paredes de concreto comienzan a vibrar.

Así que ten ánimo: sí, el compromiso está firmado. Pero aún no es ley en nuestros países. Juntos demostramos que el poder ciudadano puede sacudir conciencias.

CitizenGO se prepara para la siguiente ronda, país por país. No nos detendremos, no cuando la vida, la familia y la libertad están en juego. Te necesitamos con nosotros nuevamente. Solo una oleada masiva, unida, firme, que ejerza presión, diga la verdad, frenará la agenda antes de que eche raíces.

Ayudaste a sacudir las calles de Ciudad de México. Ahora convirtamos ese temblor en un terremoto que defienda la vida en todo el continente.

Con profunda gratitud y renovada determinación, Rocío D’Angelo, nuestro equipo en el terreno: Elisa Bonilla, Héctor Moreno, Frida Espinosa y todo el equipo de CitizenGO

Haz clic aquí para ver el video resumen de la presión en la Conferencia sobre la Mujer:

https://www.facebook.com/share/v/1LDr2jMQfm

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