Por Jorge Arguelles
Chetumal.- En una emotiva ceremonia eucarística celebrada en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, se conmemoraron dos trayectorias de fe, entrega y vocación al servicio de Dios: los 19 años de sacerdocio del padre chetumaleño David Alberto Martín Leal, y los 48 años de vida religiosa de la madre Ana Elena Herrera Sansores.
Ambos personajes han dedicado décadas a evangelizar, consolar y acompañar a fieles dentro y fuera del país, y son considerados referentes de la vida espiritual en la región.
«Ha sido una bendición servir a mi gente»
En entrevista, el padre David Martín Leal, quien nació un 29 de diciembre de 1970 en Chetumal, expresó su gratitud por casi dos décadas de servicio como sacerdote:
“Ha sido una bendición poder estar al servicio de Dios y de la Iglesia, y sobre todo poder ayudar a nuestros hermanos aquí de Quintana Roo. Me da mucho gusto estar entre mi gente”, afirmó.
David Martín recordó que su vocación surgió durante sus estudios de educación media, aunque su ingreso formal al seminario ocurrió después de concluir la preparatoria. Ingresó a la Legión de Cristo, donde permaneció 10 años, y estudió filosofía en Roma. Posteriormente, concluyó su formación teológica en el Seminario Conciliar de Yucatán.
Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 2006, en Playa del Carmen, junto a los padres Luis Octavio Jacobo Cortés, Germán May Cabrera y Salomón López Naranjo, siendo parte de la primera generación ordenada por el obispo Pedro Pablo Elizondo Cárdenas.
“Lo más satisfactorio ha sido reconciliar a personas antes de morir, y ayudar a quienes han estado perdidos en las drogas o en crisis personales. Saber que algunos de ellos están con Dios, eso no tiene precio”, compartió el padre David.
Actualmente, sirve como párroco en la iglesia de Guadalupe de la avenida Francisco I. Madero, donde también asisten con frecuencia sus padres, Manuel Ángel Martín Guerra y Francisca Leal Velázquez.
48 años de vocación religiosa, desde Chetumal hasta África
Por su parte, la madre Ana Elena Herrera Sansores celebró 48 años de entrega religiosa, una vida marcada por la misión, la perseverancia y la superación de obstáculos. Originaria de una familia numerosa —la cuarta de 12 hermanos—, comenzó su camino en la vida consagrada en su natal Chetumal, y ha recorrido diversas regiones de México e incluso el continente africano.
“Parece que fue ayer… 48 años, Dios mío. Ha sido una emoción muy grande, también con muchas crisis, momentos muy difíciles, pero con la ayuda de Dios los he superado”, expresó con voz pausada, pero firme.
Con una amplia sonrisa, rememoró sus 10 años de misión en África, donde enfrentó el miedo humano de lo desconocido y la nostalgia de dejar atrás una comunidad que la acogió con cariño.
“Me fui nerviosa, sin saber, con miedo… pero logré integrarme con la gente y servir al Señor como Él me lo pedía. Me dolió mucho tener que irme de África”, contó visiblemente conmovida.
Ambas historias convergen en el testimonio de fe, compromiso y amor al prójimo. A pesar de haber recorrido caminos distintos, el padre David y la madre Ana Elena coinciden en un mismo anhelo: perseverar hasta el final, y seguir siendo instrumentos de Dios para quienes más lo necesitan.
La misa en la parroquia guadalupana fue también un recordatorio para la comunidad de que, pese a los desafíos del mundo actual, aún hay quienes dedican su vida entera a la espiritualidad, al servicio, y al consuelo de los demás.
“La Iglesia está formada por seres humanos con defectos, pero Dios actúa a través de nosotros”, concluyó el padre David, con un llamado a quienes han perdido la fe: abrir el corazón y volver a confiar. Los festejados hacen una cordial invitación a la Iglesia que peregrina en la Diócesis Cancún a SEGUIR el Canal de difusión del periódico Sagrada Familia a través del siguiente enlace: https://whatsapp.com/channel/0029VaZWgUo6RGJ7foxDWD1h
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